domingo, noviembre 30, 2008

Algo Pendiente


Por: J. Alejandro Díaz A.

3:02 AM me levante porque no podía dormir. Esa linterna que me había dado José ya no servía como antes, alumbraba parpadeando y las figuras que solía hacer con los dedos de mi única mano derecha ya no lograban reflejarse en la pared como antes. Sólo en esto notaba el paso de los días.

Al siguiente día tocaron la puerta yo debía cubrirme la cara con cualquier cosa que estuviera a mi alcance, me cubrí con un peluche, olvidé que ese maldito peluche me hacia estornudar, ya era imposible quitármelo al menos si quisiera descubrir la identidad de alguno de ellos.

-Buenos días ¿como amaneciste?- era Paloma.
-Buenos días, bien- no termine de decir gracias cuando solté el estornudo, Paloma soltó la carcajada con tan poca de vergüenza que empecé a reírme junto con ella. No se si fue la forma en que estornudé pero logré hacerla reír y su risa me contagio, era algo bueno pues yo no reía hace varios meses. Me pregunto:
-¿Eres alérgico al peluche?
-Desde que tengo memoria- le respondí.
-Cambia el peluche por una almohada.
Agaché la cabeza, me quité el peluche de la cara, de reojo vi que la almohada estaba de mi lado izquierdo y por mi falta de extremidad izquierda superior me fue difícil tomarla de ese lado, Paloma me acercó la almohada, hubo un momento de silencio. Escuche el chasquido del encendedor intentando prender su cigarrillo, falló dos veces y al tercer chasquidolo prendió finalmente fumándolo desesperadamente. Después de unas cuantas fumadas me dijo que pronto iba salir. Ya estaba todo planeado, el intercambio sería en en el kilómetro 64 de la carretera estatal.

Ahí era donde entregarían el rescate para liberarme, después de aproximadamente 4 meses, yo la verdad no llevaba la cuenta del tiempo que estaba encerrado Paloma fue la que me lo dijo.

Escuché como apago el cigarrillo, se escucharon los chasquidos del encendedor, empezó a fumar otro y otro hasta que de repente se escuchó como la puerta principal se abría, apago el cigarro, cerró la puerta del pequeño y miserable cuarto, se escucharon sus pasos por las escaleras, me quité la almohada. Mi vista se enfocó en el cenicero que estaba a unos cuantos pasos de mí, con varios filtros de cigarros manchados con lápiz labial barato.

Tocan la puerta del cuarto, yo me hincó contra la cama dándole la espalda a cualquier persona que entrara, era Paloma.
-!Mañana es el día!, José ya negoció y al parecer todo saldrá bien.

-¿Ya esta el dinero Paloma?
-Sí al parecer ya lo tienen todo
-Lo que quiero es terminar con esto y que me den el dinero para la prótesis que tengo pendiente.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Wow, Muy bueno.