lunes, noviembre 14, 2005

Dr. Durktem

Al inicio de todos los días el Dr. Durktem prende su máquina, hace un poco de ruido durante un rato, luego se calla y lo volemos a escuchar hasta que saca a los perros al atardecer.
Ellos no se parecen a Pilt la perra de al lado, tienen céfiro muy pesado y sus miradas son muy profundas. Esperan con ansias y en silencio a cada tarde, parecen preferir las de cielos turbios. Me he dado cuenta que él se siente como intranquilo ante ellos, pero entonces lo voltean a ver con sus grandes e intimidantes ojos, lo ven como si algo tramaran en su contra y entonces se calma.

Cada que salen tardan en regresar, no sabemos a donde van, varias veces se le ha intentado seguir, parece que no se da cuenta pero después de un rato se detiene, queda quieto un par de momentos, gira un poco el cuello y voltea ligeramente sin despegar los pies del suelo, entonces nos ve con su apacible mirada que a veces se oculta en sus cejas grisáceas y sigue caminando, en ese momento quien intentaba cazarlo solo deja escapar una sonrisita tímida y retrocede.

El Dr. lleva días sin sacar a los perros, tal vez se aburrió, pero hace más ruido, de vez en cuando se oyen movimientos bruscos y deja escapar un grito de dolor como si algo le cayera encima.
A mi mamá no le agrada, pero mi papá dice que un día lo invitará a leer el diario y tomar un poco de ese desagradable líquido rojizo que le gusta beber.

Ayer estaba jugando en el patio de atrás cuando escuche la voz del doctor pero se oía más grave: “Entra, vamos, metete” insistía, Calla obtuvo como respuesta después de un rato, fue muy extraño porque vive solo y nunca tiene visitas. No desde hace mucho, cuando los canes eran poco más pequeños y frecuentemente lo visitaba un amigo, pero una noche de brisa llego apresurado, supongo se fue hasta la madrugada por que no lo vi salir, solo escuché los profundos y prolongados aullidos de los perros.


Ahora cuando sale es más veloz, camina de manera extraña, no tarda en desaparecer y regresa más tarde, a veces me duermo sin que vuelva. Antes de ves en cuando me saludaba, pero ya no ve a nadie, camina, como si solo fuera un artefacto.

El doctor se ve preocupado ya casi no hace ruido, los perros rasgan durante la noche y cuando salen son más hostiles, ya nadie se atreve a seguir al Dr. Durktem.
Anoche hubo un gran alboroto, yo solo miraba a la ventana entre las cobijas y con las manos en las orejas. La Luna estaba en Cuarto creciente y había un poco de nubes rasgando el cielo, estuve mucho tiempo tratando de ignorar aquel ruido y lograr dormirme, pero era muy difícil, de pronto, se escucharon un par de hondos aullidos al unísono y el ruido cesó, aún así quede un rato despierto.

El señor Durtkem tiene semanas que no prende su máquina y esta vez es lo más que ha durado sin sacar a los perros, ya ni siquiera se oye algún cerrón de puerta que advierta su presencia, pero los canes siguen estando ahí, hoy en la mañana escuche que uno de ellos, con una voz tenue pero lúgubre murmuró a un tercero: Trankeail mat peq, trankeail.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ME DA GUSTO LEER UN CUENTO DIFERENTE A LOS DEMAS,FELICIDADES AL ESCRITOR