miércoles, abril 19, 2006

El último Slam


Los celos son capaces de hacerte actuar de una manera muy pendeja. Sobre todo si eres como yo, un celoso de nacimiento. Ante una situación como la que viví este sábado, en la que un cabrón me andaba bajando la morra, solo tuve que analizar brevemente para saber que tenía las siguientes alternativas:

1. Hacer un “pancho público” para deteriorar la imagen de la morra ante los demás (gritarle puta o algo así).
2. Romperle la madre a cualquier tipo que represente la más mínima amenaza.
3. Si los dos anteriores no dan resultado, cambiar de morra.

El problema es que ella todavía no era morra, lo que hacía más difícil la situación pues no tenía derecho a ninguna de las tres opciones anteriores.
Dejándome de reflexiones chafas y ocupándome de lo que realmente hice en aquella fiesta, empecé por asegurarme de que ningún cabroncito ocupara su tiempo esa noche para poder llegarle oficialmente. Eso era todo lo que necesitaba para dejar de hacer osos, yo le pediría que fuera mi novia y ella diría que sí. El lunes en la escuela sería otro cantar.

Llego al tremendo party, lo primero que hago es observar quien de los presentes puede obstruir mi camino hacia el total apoderamiento de la atención de esa mujer y ahí está, el nombre de mi rival es Toko. Llega ella a la fiestera casa en compañía de su oriental amigo. A decir verdad, el Toko ese, es más sagaz que yo en el arte de chingar verbalmente, así que evito cualquier enfrentamiento que me ponga en desventaja. Hago como que no me importa que llegue con otro y la saludo como si nada. Platico por aquí y por allá con sus primos y con cuanto güey me presentan hasta que empieza a tocar el grupo.

Vestidos al viejo estilo de greña larga, tocando batería, guitarra y bajo, suben a la tarima unos tipos que no pasan de 23 años pero evidencian su gusto por el siglo pasado. Me acomodo junto a ella para verlos tocar. Todo mundo está parado frente a la tarima y... Se oyen unos chafísimos acordes más pasados de moda que nada. Nadie de los presentes pasa de 17 años, por lo que un grupo trash-metalero-hardcore-wannabe-grunge- nos parece una pendejada. De repente nada de eso tiene importancia porque ella me abraza. ¡WOW!. Aparentemente se ocupaba de mí, pero Toko se planta del otro lado y comienza a platicar con ella. No es mucho lo que pido, quiero que el chino ese se calle el hocico para poder acercarme a su preciosa cara y decirle del más cursi modo:

-Te extraño desde el viernes que salimos de la escuela... (espacio)... quiero hablar contigo... (espacio)... más bien, quiero saber que onda con nosotros...

Tomo aire para comenzar mi discurso cada vez que el nefasto interlocutor del objeto de mi interés hace una pausa. Pero ella no deja de atender al de los ojos jalados, aunque es a mí a quien abraza, habla con él. Tuve que sentirme en el punto exacto en que te lleva la chingada de celos para que se me ocurriera semejante ridiculez.
Me suelto de los brazos de la morra proyectando mi más fingida indiferencia, brinco, grito y tiro desmadre como si el grupo fuera Nirvana en su mejor concierto y yo fuera un admirador treinton. La gente me ve con cara de what? Pero se divierten con mi ridículo. Empujo, brincoteo, provocando una masa en movimiento estilo slam dance ¡No mames en pleno siglo XXI! ¡Esa madre más pasada de moda!.

En menos de media canción soy secundado por una bola de pendejos que acceden a bailar rompiéndose la madre por mutuo acuerdo. Se forma el circulito y ahí esta ella riéndose de mi ocurrencia. Aquello parece carrusel de caballitos.
Por supuesto jalo a Toko hacia el slam. El paro perfecto para alejarlo de ella y madreármelo con una inocente justificación. Así lo hice. Discreta la cosa. Ella me observa. Espero el momento para salirme del brincadero sin ser notado y regreso a su lado.

-Lo hiciste para burlarte del grupo, ¿verdad?
-¡Si no mames! Pinches atrapados en los ochentas. Vente vamos atrás, quiero hablar contigo.
-Morra, creo que ya sabes lo que te voy a decir, ¡quiero saber si vas a andar conmigo o qué!
Veo venir su respuesta, son las palabras madrazos:
- No manches, después del ridículo que hiciste ahorita, ¡No!.

No hay comentarios.: