Vuelves a observar tus viejas manos llenas de sangre y te las llevas a la cabeza. Respiras profundo y recuerdas:
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Aquella noche habías terminado tu trabajo, observavbas el techo como esperando a que sucediera algo. Pero simplemente estaba oscuro todo tu alrededor. Tú forrado de todos esos papeles, el olor a café, nicotina, la noche. Las luces artificales que querían entrar a tu habitació por esa ventana. Caminaste y abriste las persianas, enseguida notaste a esa vecina que siempre te llamó la atención: Pandora. Solo sabías que ese rea su nombre, que todas las noches salía sin saber a qué hora regresaba.
Te evitas ese tema, pero despué de pelearte contigo mismo llegas a la conclusión de que hablarás con ella la primera vez que tengas oportunidad.
Ya habían sido cuatro intentos y por medroso no has dicho nada aún.
Estas en tu cama y el ventilador que da vueltas lentamente es hipnotizante. Cierras los ojos, das un suspiro y vomitas Pandora. En seguida la ves encima de tí. No sabes qué hacer. Te levantas. Ella se acerca lentamente, tú no sabes qué haces hasta que despiertas. Piensas:
-!Joder! Voy a avergonzarme en el intento-
Te vistes, tomas esa camisa, los tradicionales jeans. Sales corriendo de tu departamento y ella por suerte va entrando al suyo. Esperas un momento, tocas y se abre l apuerta. Ahí está ella; esbelta y con un apalidez que se confundí con una especie de luz. Su cabello negro reposa en sus hombros. El silencio era insoportable hasta que...
-Te esperaba- dijo.
Ya era la realidad, esta vez no soñabas. Un éxtasis rrecorriendo tu piel que te hace cerrar los ojos.
Despiertas y ese techo que desconoces te hace recordar que definitivamente no era un sueño. Pero ella no esta en la cama, te levantas y la llamas. Abres una puerta y cual es tu sorpresa al encontrar cuerpos de personas al punto de putrefacción. Tu grito silencioso, tu cuerpo apenas lo notas lastimado. Pandora te atrapa en sus brazos y sientes una mordida atrás de tí, una rara sensación, una línea de sangre recorre tu espalda:
-Tú serás mi hijo, mi amante, este regalo es tuyo quieras o no. Ahora pon atención y date cuenta que eres un bebedor de sangre de aquí hasta que el sol te atrape en su ardiente jaula-
Deja que un rayo de luz entre directo a donde tú te encuntras y esa es la primera lección jamás olvidada. De ahí en adelante la experiencia eterna.
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Mi hacedora, eso fue. Mi tutora. La que me enseñó el otro lado del camino, mi amante: Pandora.Te evitas ese tema, pero despué de pelearte contigo mismo llegas a la conclusión de que hablarás con ella la primera vez que tengas oportunidad.
Ya habían sido cuatro intentos y por medroso no has dicho nada aún.
Estas en tu cama y el ventilador que da vueltas lentamente es hipnotizante. Cierras los ojos, das un suspiro y vomitas Pandora. En seguida la ves encima de tí. No sabes qué hacer. Te levantas. Ella se acerca lentamente, tú no sabes qué haces hasta que despiertas. Piensas:
-!Joder! Voy a avergonzarme en el intento-
Te vistes, tomas esa camisa, los tradicionales jeans. Sales corriendo de tu departamento y ella por suerte va entrando al suyo. Esperas un momento, tocas y se abre l apuerta. Ahí está ella; esbelta y con un apalidez que se confundí con una especie de luz. Su cabello negro reposa en sus hombros. El silencio era insoportable hasta que...
-Te esperaba- dijo.
Ya era la realidad, esta vez no soñabas. Un éxtasis rrecorriendo tu piel que te hace cerrar los ojos.
Despiertas y ese techo que desconoces te hace recordar que definitivamente no era un sueño. Pero ella no esta en la cama, te levantas y la llamas. Abres una puerta y cual es tu sorpresa al encontrar cuerpos de personas al punto de putrefacción. Tu grito silencioso, tu cuerpo apenas lo notas lastimado. Pandora te atrapa en sus brazos y sientes una mordida atrás de tí, una rara sensación, una línea de sangre recorre tu espalda:
-Tú serás mi hijo, mi amante, este regalo es tuyo quieras o no. Ahora pon atención y date cuenta que eres un bebedor de sangre de aquí hasta que el sol te atrape en su ardiente jaula-
Deja que un rayo de luz entre directo a donde tú te encuntras y esa es la primera lección jamás olvidada. De ahí en adelante la experiencia eterna.
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*Melissa escribió este texto en el 2004, durante el curso Literatura I en la preparatoria X.
1 comentario:
¿Quibo?
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